martes, 27 de marzo de 2012

La feminización de la miseria en La Montaña de Guerrero

Por Líbana Nacif Heredia

En La Montaña de Guerrero la miseria no es generalizada. La falta de empleo, de educación, la desnutrición y los problemas de salud se agravan en un sector particular de la población, las mujeres.

En cada uno de los ámbitos la feminización de la miseria encuentra un argumento que se explica en el origen cultural de los roles de género, son estos, los que frenan los intentos de desarrollo paritario de una sociedad.

Es quizá la salud el ejemplo más contundente, cuando el trabajo doméstico en La Montaña de Guerrero recae exclusivamente en las mujeres, quienes en condiciones de marginación extrema, sirven a la familia, engendran a un hijo, se recuperan de un parto y guardan energías para el trabajo del campo.

Las condiciones climatológicas en esta región del estado, con el termómetro por debajo de los 10 grados la mayor parte del año, la desnutrición que hace el cuerpo más propenso al frío, frente a la insuficiencia de energía eléctrica en viviendas, así como el nulo servicio de gas doméstico, obligan a buscar el calor, luz y comida en los fogones, fogatas y estufas de barro con leña y fuego.

El calor de las brasas, mitiga el frío, ilumina y calienta la comida a cambio del humo gris que se debate en una batalla inequitativa con el oxígeno que encierran entre cuatro paredes las pequeñas chozas de adobe o madera.

Ahí aguardan durante horas, por las mañanas y noches, cocinando los frijoles, el pápalo quelite, las tortillas de maíz y la carne seca, las mujeres de La Montaña.

Mientras arrullan al niño, limpian la casa, bordan su huipil o pintan sus artesanías, o mientras el marido bebe el agua ardiente o trabaja en los campos, de la región o de algún estado del norte del país, para llevar alimento a la casa.

En ese contexto, su vientre crece y engendra una nueva vida que se envenena antes de nacer con el monóxido de carbono que respira su madre.

Los riesgos de salud aumentan para ellas, más aún en el caso de las embarazadas, quienes mal comen una vez al día y trabajan largas jornadas en el campo, en la cocina, sin servicios de salud suficientes ni eficaces que brinden la certeza de que su embarazo mal cuidado puede lograrse con éxito.

En La Montaña de Guerrero el hospital mejor equipado se encuentra en Tlapa, ubicado en el centro de una región dividida en poblados separados por caminos que bordean las faldas, el corazón y la corona de agrestes montañas que para una mujer con embarazo de alto riesgo, se traducen en horas y horas de agonía, caminos que en la mayoría de los casos determinan la vida o la muerte de ella.

A ello hay que agregar la resistencia genérica a la atención médica, pues hay grupos étnicos en los que a las mujeres no se les permite hablar con barones, mucho menos dejar a un doctor revisar su cuerpo como lo exige el cuidado del embarazo.

La marginación pues, en esta región del estado encuentra su punto más álgido en el sobrevivir de las mujeres, ellas quienes los alegres colores de su huipil contrastan con la tristeza de su mirada, ellas quienes mantienen vivas las tradiciones y su cultura milenaria de generación en generación, ellas cuya naturaleza femenina, las hace herederas del precio más alto de la miseria, en La Montaña de Guerrero.

viernes, 6 de mayo de 2011

Alberto López Rosas, el primer grán crimen: La prueba de fuego

Por Líbana Nacif Heredia

Con el asesinato del líder del movimiento gay Quetzalcoatl Leija Herrera, se presenta la primer gran prueba de fuego para el nuevo procurador de justicia en la entidad Alberto López Rosas, dada la representatividad que el personaje tuvo para un sector de la sociedad y la posibilidad de que sea el resultado de un acto de intolerancia a la diversidad sexual.

El crimen de Leija Herrera, deviene en una serie de retos para el nuevo orden político, el que se ha pretendido instaurar con la llegada de una nueva administración, que se anunció como la que transformaría los vicios de la anterior en los resultados que han quedado pendientes para la gente y en en el ramo de la procuración de justicia, la deuda es mayúscula si de ve desde la perspectiva de los asesinatos emblemáticos de los años recientes.

Personajes de la vida pública en la entidad como los diputados José Jorge Bajos Valverde, Armando Chavarría Barrera, el petista Rey Hernández Gracia, todos piezas clave en la coyuntura política del momento en que fueron ultimados, siguen recordados como parte de un obscuro capítulo de impunidad en medio de la paradójica “alternancia democrática” que tuvo lugar en Guerrero en el 2005.

Si bien el caso del líder homosexual no comparte la característica de un asesinato político como el de los anteriores, vale decir que el factor que lo coloca en la misma línea de exigencia es la popularidad del personaje dado su activismo social y político, hecho que invita a los ciudadanos a voltear la mirada hacia la postura y actuación del estado ante un espectáculo como el que, durante la pasada administración, nos habíamos acostumbrados a seguir sabiendo su desenlace, la impunidad.

Hoy la lente de la opinión pública está puesta sobre el procurador de justicia, pero no por el asesinato del también presidente del Centro de Estudios y Proyectos para el Desarrollo Humano Integral (Ceprodehi), sino por el reciente escándalo entorno al expediente del crimen de Armando Chavarría que lo ha llevado a mal, dadas las criticas de revanchismo político al pretender vincular su supuesto extravío con el ex gobernador Zeferino Torreblanca Galindo y sus procuradores.

Por esta razón, el asesinato de Quetzalcoatl Leija representa una gran oportunidad para Alberto López Rosas de alzarse como el responsable de una nueva época en la Procuraduría General de Justicia en Guerrero, apuntalada a reivindicar el quehacer de ésta institución y devolver la confianza de los ciudadanos y ciudadanas, necesaria para la buena articulación de un sistema político y de la propia democracia.

lunes, 14 de marzo de 2011

La lección del Jefazo

Por Líbana Nacif Heredia

Rodea con el brazo a su interlocutor, le presume las grandes bondades que hay por venir y lo invita a ser parte de la Transformación de Guerrero.

No es una empresa fácil, la pretensión es tan ambiciosa como alta es la expectativa que ha vuelto a sembrar en la gente, tras un gobierno que dejó frustrada la ilusión de cambio tras la hazaña histórica de la alternancia.

Ángel Aguirre con voz erguida y mirada suave, cual jefazo, corrige al incrédulo discípulo y le recuerda que ahora la historia se escribió con otro nombre, que el protagonista es otro hombre y que la ruta es distinta.

Le motiva recordando los grandes éxitos adquiridos en la jornada, le recuerda la génesis de su candidatura, un acto radical -lo considera-, como radical te suena la transformación -agrega-, y si hablamos de radicalidades, en eso soy el jefazo –matiza dejando escapar una ligera carcajada-.

Unidad y unificación han sido los responsables de este éxito, pero la clave de la gran victoria –revela el ex priísta- es el abrazo, el apapacho, la sonrisa, el gesto amable y presumir el orgullo de haber nacido en mi tierra, eso le encanta a mi gente.

Y ya encaminado, como buen jefazo, sugiere las formas para forjar el liderazgo.

“Las mujeres, ¿arriba o abajo? siempre será un gran éxito, no lo olvides, ellas son las que más gritan, las que calientan la plaza y los hombres saben que primero hay que tenerlas contentas” indica cual maestro al discípulo.

Continúa, sugiriendo que la política hoy en día, para que convenza tiene que ser de altura, dejar la confrontación, el tono elevado en la mesa, e intercambiarlo por el gesto amable, el saludo y el reconocimiento a sus detractores en el pulpito.

Considera que los tiempos han cambiado, pero la ambición de un político siempre es la misma: el poder, –y agrega- pero el poder para servir al pueblo.

Entonces, los políticos debemos cambiar con esos tiempos, para estar a la altura de la expectativa de la gente, sino, nos retiran su confianza y no solo a nosotros, sino a la política misma.

No fue fácil convencer a quienes en su momento fueron la oposición de abrir las puertas al fuego amigo -continua compartiendo luego de hacer una pausa para encender un cigarrillo-, hacerlo fue el resultado de tejer fino, en una política de altura, suave, sin aspa vientos.

¿Los detalles? Pregunta ansioso el interlocutor.

Imagínalos – contesta- y si aprendes el arte de la política los conocerás de propia fuente-.

“Nací para servir a mi pueblo” suele decir en protocolo, y ya en la antesala a la primera nominación a la que los hombres han delegado el poder legítimo para el servicio del pueblo, el de Ometepec se encomienda a Dios y con una sonrisa que surca dos orificios en sus mejillas, invita a su interlocutor a recorrer nuevamente los caminos del sur.

Líbana Nacif Heredia

Líbana Nacif Heredia
abre tus ojos